miércoles, 15 de abril de 2009

Asfalto Empapado

La superficie lisa de las baldosas reflectaba la luz de la única farola de la calle con un brillo espectral y amarillento, mientras una fina pero constante llovizna impregnaba tristemente el silencio de la noche.
Me encontraba apoyado contra una fachada envejecida, apenas protegido por la fina capucha de mi abrigo, ajeno al frío, hipnotizado por el cadencioso palpitar del agua al precipitarse contra el suelo y por el fugaz sonido de los neumáticos al pasar sobre el asfalto empapado.
No lograba recordar.
Algo en mi interior… el rastro de una imagen, de unas palabras. Había algo que peleaba por abrirse paso en el interior de mi mente cansada, quizá la razón por la cual me encontraba en ese lugar.
Alcé la vista dejando que las finas gotas empapasen mi rostro y enjugasen mis lágrimas. Entonces recordé. Su rostro… ella me observaba fijamente con una mezcla de lástima y reproche, con los ojos tristes pero con un brillo sobrecogedor, con una mirada tan intensa que apenas pude mantenerla unos segundos antes de darme por vencido y bajar la cabeza, seguro de mi derrota.
Fueron mis palabras las que lo provocaron, esas palabras largo tiempo enquistadas en mi pecho y extirpadas en aquel repentino arrebato. Palabras sencillas, las únicas con las que puede ser expresada la verdad, que es pura, simple, y a menudo… de una crueldad infinita.

2 comentarios:

Little Marta dijo...

Siento la tardanza, lo acabo de leer, y me encanta. jo como siempre. Eres mi escritor preferido!

sigue así, y no te me pongas triston... que todo se acaba contagiando! jo!

Soirark dijo...

Gracias Little, como siempre.